Nacida en Japón a fines de los años '50, la silenciosa danza
butoh es un producto de la deprimente posguerra.
Cuerpos pintados de blanco, quizás desnudos; pies y cuerpos doblados, entorchados; ojos cruzados o al revés, como mirando hacia adentro, o casi saliéndose de la cabeza, son algunas de las imágenes que se nos vienen a la mente al pensar en la danza
butoh .
Sus propósitos son: RECUPERAR LOS ELEMENTOS ESCENCIALES DEL RITO COMO UN ACTO GENERADOR DE ENERGIA COLECTIVA QUE PERMITA LA CREATIVIDAD E INTERCAMBIO ENERGETICO EN LOS PARTICIPANTES.
En palabras del maestro japonés KAZUO OHNO, "el butoh se ha engendrado para que cada bailarín o actor descubra en su interior un camino personal de recuperación y evolución energética a través de la expresividad de su alma".